El día de hoy, deseo compartir
con ustedes una anécdota acerca de la labor del psicólogo comunitario. Esta
experiencia no es mía, también me la contaron; pero, me gustaría compartirla
con ustedes, para que así como yo, puede ver desde una perspectiva más amplia
las posibles intervenciones del psicólogo comunitario, podamos también juntos rescatar lo valioso de
esta historia y aprender a partir de ella.
Dentro de una comunidad de la
Selva Peruana, se encontraba un hombre que deseaba sobresalir, y poder ayudar a
su comunidad, para esto decidió viajar a la gran ciudad y poder conseguir un
trabajo. Al llegar a Lima, encontró un
trabajo, que le generaría grandes ganancias, para esto se le comunicó que era
necesario que presentase sus documentos. El hombre preparó todos los documentos
necesarios y salió muy temprano del lugar en donde se hospedaba para poder
presentarlos. Durante su camino, se le presento un desafortunado evento, un
grupo de ladrones, robaron todos sus
documentos, y el poco dinero con el que contaba. Luego de mendigar algunos
días, pudo conseguir la suficiente cantidad de dinero, para poder regresar a su
comunidad. Cuando llego a su comunidad se sintió tan frustrado y deprimido, que
opto por encerrarse en su casa, no hablar con nadie, y evitar a las personas. Su
depresión empezó a manifestarse de manera física, generándole parálisis,
evitando su movilización. Sus familiares y él, mantenían la creencia, de que
los sucesos que le ocurrieron se dieron debido a una brujería (creencia de esta
comunidad), y que la única manera de “curar” la parálisis, era por medio de una
“limpia” brindada por los chamanes de la comunidad. Por esos días algunos
psicólogos empezaron a intervenir en esta población, al enterarse del caso de
este hombre decidieron ayudarlo, generando los recursos necesarios que ayudaran
en su recuperación. Sin embargo se vieron ante un inconveniente, necesitaban
ver la forma en como intervenir, haciéndoles entender lo importante de la salud
mental, pero sin dejar de lado sus creencias. Es así como empiezan a hablar con
sus familiares, comparten sus conocimientos, y empiezan aprender acerca de los conocimientos
de la comunidad, sus creencias y la forma en como ellos veían sus problemas. De
esta forma los psicólogos que intervinieron en este caso, mantenían un gran
respeto por las creencias de la comunidad, y a la vez le brindaban alternativas
para que este hombre pudiese resolver el problema que había vivido (robo de sus
pertenecías) y superar su depresión, les hicieron ver que si bien es cierto, el
suceso fue muy lamentable, aún hay posibilidades de salir adelante, de resolver
este problema y de buscar nuevas opciones que lo ayuden económicamente, que fue
lo que el hombre buscaba inicialmente. La familia del hombre, finalmente se
sintió agradecida, y sintió que sus creencias también habían sido tomadas en
cuenta, no habían sido rechazas, solo se les había brindado nuevas alternativas
que complementaran la solución de este problema.
Entonces a partir de esta
historia podemos concluir que para poder intervenir en una comunidad, debemos
tener en cuenta su cultura, esta incluye, creencias, tradiciones, mitos, etc.
Solo mostrando respeto por sus creencias, es que podemos generar confianza,
para que nosotros como psicólogos también podamos enseñarles muchas cosas que
ayuden en su salud mental.
No se trata, de hacer que una
comunidad deje de seguir sus creencias, para tomar posturas más “objetivas”, se
trata de complementar sus creencias ya preestablecidas, y brindarles otras
creencias que se incorporen de una manera saludable, y no forzada, motivada por
la comunidad misma.
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